Algunas agrupaciones políticas han decidido ir con candidatura propia, otras en cambio en alianza, pero más de una (por no decir todas) aun no formalizan el listado tentativo ni mucho menos definitivo de integrantes tanto para la plancha presidencial como para su lista al Congreso, por tanto, los peruanos ni siquiera sabemos cuál es o será la oferta total de candidatos ni los planes de gobierno que propondrán faltando poco menos de cinco meses para las elecciones generales.
Esta limitación de tiempo y ofertas de “candidatos” por evaluar no debiera ser impedimento para ir aclarando en nuestro interior o de forma grupal, qué características o cualidades debiera cumplir un candidato a la Presidencia del Perú. Es una tarea difícil no sólo para el votante, sino que me imagino que igual o más difícil será para las agrupaciones políticas que aun no han elegido a su propio candidato.
Mi búsqueda se tradujo a las “características o el perfil del candidato a la Presidencia de un país”, criterio que elegí en Google para poder conocer que piensan otras personas al respecto, que antecedentes existen, se aplican o promueven en otros países. Luego de no mucho tiempo invertido encontré dos sitios muy interesantes.
ALGUNOS ELEMENTOS, REFLEXIONES & ORIENTACIONES ANTES DE VOTAR
El primero sitio a tomar en cuenta fue el blog de William Yepes Jiménez, ciudadano colombiano que hace un aporte de elementos, reflexiones y orientaciones antes de votar, en su artículo denominado ¿Cómo elegir un buen candidato?.
En dicho artículo, Yepes asume que las recomendaciones debieran ser generales y trascender a los partidos: “la propuesta consiste en proponer un método universal y sencillo basado en el sentido común y que a su vez es el sentido menos común para que el elector descubra el perfil, el programa de gobierno socialmente construido y observando cualidades, saberes, capacidades y destrezas, que le permitan desempeñar diversos roles propio de la función de gobernar”.
Ese método universal no sería más que el diseño de una tabla donde se enumeren las características más importantes que debiera cumplir el candidato (características morales, académicas y prácticas), a fin de que cuantificándolas se pueda cumplir con el perfil requerido. Asignándole un puntaje de 0 a 5 ganaría el candidato que obtenga claramente mayor puntaje (sobre 100 puntos). Ver tabla de perfil de candidato presidencial propuesta.

Aunque este método no nos garantiza elegir al candidato ideal, porque quizás ninguno alcance el máximo puntaje, nos acerca mucho a un proceso de evaluación empírico y razonable.
Como punto a favor de esta tabla, creo que no sólo debiéramos aplicarla de forma personal sino también de forma grupal, compartirla con los simpatizantes de nuestra agrupación política de preferencia (si la tenemos), para luego hacer un cruce con los candidatos de las otras agrupaciones.
Si bien las características propuestas no son absolutas, son un buen comienzo. Nosotros los peruanos quizás adicionaríamos muchas otras características a esta tabla.
POLÍTICA Y SELECCIÓN: ¿CUÁL DEBE SER EL PERFIL DE UN PRESIDENTE?
El segundo sitio web visitado fue el Portal de Gerencia y Negocios en Hispanoamérica www.degerencia.com , donde encontré como tema de Recursos Humanos y Organización, un artículo de Félix Socorro, titulado: Política y selección: ¿Cuál debe ser el perfil de un presidente?
En dicho artículo, Socorro plantea el por qué no se aplican los mismos criterios para seleccionar a un gerente para una empresa privada, al momento de seleccionar el perfil de un Presidente: “entre los requisitos más comunes que encierra el perfil deseado, para ocupar un nivel gerencial, se encuentran: la exigencia de experiencia, nivel académico, capacidad supervisora y negociación; sencillamente se trata de delegar la responsabilidad en aquél que tenga la habilidad para administrarla positivamente”.
Aplicando sólo un poquito de lógica, se advierte que los requisitos para cubrir el perfil presidencial son mínimos y no contemplan ningún rigor como los contemplados al elegir al mejor gerente para una empresa privada (y algunas públicas). De esta forma, en algunos países de Latinoamérica, los perfiles mínimos son señalados por sus Cartas Magnas:
- La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, vigente desde 1999, en su artículo 227 establece que "para ser elegido Presidente o Presidenta de la República se requiere ser venezolano o venezolana por nacimiento, no poseer otra nacionalidad, [ser] mayor de treinta años, de estado seglar y no estar sometido o sometida a condena mediante sentencia definitivamente firme y cumplir con los demás requisitos establecidos en esta Constitución".
- La Constitución de la Nación Argentina, sancionada en 1994 exige en el artículo 89 que "para ser elegido Presidente o vicepresidente de la Nación, se requiere haber nacido en el territorio argentino, o ser hijo de ciudadano nativo, habiendo nacido en país extranjero; y las demás cualidades exigidas para ser elegido senador", éstas últimas presentes en el artículo 55: "Son requisitos para ser elegidos Senador: Tener la edad de treinta años, haber sido seis años ciudadano de la Nación, disfrutar de una renta anual de dos mil pesos fuertes o de una entrada equivalente, y ser natural de la provincia que lo elija, o con dos años de residencia inmediata en ella."
- La Constitución Política de Colombia, correspondiente al año 1991, señala en su artículo 191 que "para ser Presidente de la República se requiere ser colombiano por nacimiento, ciudadano en ejercicio y mayor de treinta años".
- La Constitución Política del Perú en el Titulo IV: De la Estructura del Estado, Capítulo IV: Poder Ejecutivo, Artículo 110, indica lo siguiente: "...Para ser elegido Presidente de la República se requiere ser peruano por nacimiento, tener más de treinta y cinco años de edad al momento de la postulación y gozar del derecho de sufragio..."
Cualquier persona que lee estos mínimos perfiles para postular a la presidencia de un país puede pensar lo siguiente:
- Que los requisitos fueron creados y sustentados por personas que carecen de una mayor visión y conciencia de la importancia de la gestión o gerencia que el cargo requiere.
- Que la educación no es requisito primario del país que se desea gobernar
- Que la participación democrática se sobrepone a cualquier otro perfil necesario para ejercer de forma positiva la presidencia de un país.
- Que no hubo consenso público y “participativo” de la población para determinar las características que debiera cumplir un candidato a la presidencia de un país.
- Otros.
Propuesta: Crear un perfil que se ajuste al cargo Presidencial y el de sus colaboradores
Según Félix Socorro:
Partiendo de la premisa que supone que los países deben ser observados como enormes empresas cuya utilidad evidente será la riqueza de su economía y el bienestar de su gente, resulta insuficiente, desde el punto de vista de Recursos Humanos, el perfil que se exige para elegir al futuro gerente de tan monumental organización, e incluso, en algunos casos, el de sus colaboradores.
Por más sencilla que sea la empresa, y respetando el esquema tradicional, la exigencia pareciera apuntar siempre en el mismo sentido para ocupar cargos de dirección, pues la búsqueda se orienta a profesionales con títulos universitarios, graduados en el área de interés, que posean al menos una Especialización o Maestría, cuenten como mínimo con cinco (5) años de experiencia práctica en el campo, conozcan del manejo de personal en diferentes niveles jerárquicos, observando una disposición a la resolución oportuna de problemas y con habilidad para planificar estratégicamente controlando variables.
Por ende, el cargo de Presidente para un país requiere un nivel mucho mayor de exigencia por una razón muy sencilla: comparativamente, si un gerente lleva a la quiebra a una compañía puede afectar a un importante número de clientes y proveedores, pero no a todo un país. Mas, si un Presidente lleva a su país a la banca rota, no solamente estaría menoscabando el futuro de toda una nación, sino que los daños asociados generarían tal conmoción en el ámbito internacional que la perdida de la confianza y el factor riesgo ahuyentaría de manera inmediata las inversiones extranjeras. Entonces, ¿cómo es que no se le ha asignado un perfil profesional al cargo de Presidente?”
Si los países quieren garantizar el desarrollo económico, el bienestar y la justicia social, deben comenzar por diseñar mecanismos que permitan evaluar y sustentar sus expectativas, empezando por exigir que sus gobernantes sean elegidos por su capacidad de gerenciar y no por el buen uso del verbo, ajustada a los Nuevos Paradigmas de Selección, pero para ello se hace exigible describir de manera amplia y concienzuda los verdaderos requisitos que habrán de cubrir sus representantes.
Las organizaciones de Recursos Humanos, mundiales o nacionales, deberían aportar, con el concurso de sus afiliados, un perfil que se ajuste a la magnitud del cargo presidencial y éste debería acoplarse al nivel de desarrollo de cada país, para luego ser insertado en el artículo que corresponda de la Carta Magna.
Siendo así el proceso debería ir incluso más allá, podría implementarse un verdadero proceso de selección que someta al aspirante presidencial a demostrar su perfil psicológico, técnico, cognitivo y emocional, cuyo resultado permita a la población dirigirse a las urnas electorales para seleccionar a aquel candidato que más se ajuste a las exigencias del cargo y no, como hasta ahora, a votar por aquel que ha ofrecido cambios sin que exista evidencia alguna de su capacidad. Esto, sin embargo, podría requerir de la presencia de un organismo autónomo que garantice la transparencia y objetividad de los resultados obtenidos de las evaluaciones, o cualquier otro mecanismo que asuma esa función.
Al hacer uso de la experiencia que ha acumulado de unidad de Recursos Humanos, en la determinación de perfiles ideales para la ocupación de un cargo en particular a lo largo de la historia, puede surgir un ejercicio que sirva de base para iniciar la discusión que generaría las características deseadas de un candidato presidencial. De ese ejercicio podrían surgir los siguientes requisitos:
- Competencias académicos: Nivel universitario, especialmente en carreras orientadas al aspecto administrativo, financiero o contable e incluso legal. Así mismo la realización de, por lo menos, dos (2) estudios de post-grado que le confieran títulos de especialización o maestría en Gerencia, Administración de Negocios o similares. No se han de descartar títulos doctorales.
- Competencias intelectuales: Proactividad e iniciativa, inteligencia, creatividad, compresión de la complejidad, capacidad de abstracción, objetividad, juicio practico, capacidad de observación y agudeza, cuidado de los detalles, análisis cualitativo y cuantitativo de escenarios internos y externos, uso efectivo de la memoria.
- Competencias cognitivas: Cultura general, conocimientos de idiomas (haciendo énfasis en el domino de otro lenguaje además del inglés), experiencia practica en el desarrollo y ejecución de planes, trato con diferentes tipos de personal, manejo y administración de presupuestos, sistemas de informática y uso de la tecnología, así como aspectos relacionados con el comercio, culturas, protocolo y relaciones internacionales.
- Competencias morales: Responsabilidad, transparencia, conducta ética, prudencia y manejo de la inteligencia emocional, sentido de la equidad y justicia, respeto por la vida, bienes y propiedad privada, uso de la cortesía.
- Competencias emocionales: Serenidad, accesibilidad, manejo del estrés, equilibrio psicológico, sentido de pertenencia, identificación y compromiso con el entorno, capacidad de autocrítica y autoevaluación.
- Competencias de rol: Capacidad de liderazgo, gerencia y administración, habilidad de negociación, influencia y cooperación. Talento para integrar, motivar y alcanzar el logro de los objetivos de manera eficiente, eficaz y efectiva.
Si bien es cierto que lo anterior dejaría fuera del juego presidencial a un importante número de aspirantes y daría por extinta la oportunidad de cualquier ciudadano a ocupar la primera magistratura, no es menos cierto que podría servir de incentivo para el desarrollo académico-cultural de los países, pues se estaría dando mayor importancia a la culminación de estudios formales de la que ahora posee. Así mismo, se incrementaría el nivel de exigencia en la conducción de un país, ya que el Presidente contaría con la preparación y competencias propias de un gerente. Simplemente no bastaría saber de política, ni lo que con ella se ha hecho, se apreciaría el valor agregado que se ha proporcionado a la nación producto del uso del conocimiento.
Hasta ahora pareciera no haber indicios que homologuen las practicas exitosas de la selección de personal en el campo político, tal vez por ello, al finalizar un gobierno, suelen ventilarse los excesos, aciertos y desaciertos del mismo, una y otra vez. Sencillamente se ha obviado, nuevamente, esa premisa que sugiere que un país es una gran empresa, donde el pueblo posee acciones y conforma la asamblea de accionistas, donde la selección de sus dirigentes debe pasar por todos los procesos existentes en esa materia a fin de garantizar una gestión diáfana, ética y exitosa, pues, al final, no se trata dejar en manos de un aprendiz o practicante lo que debería ser responsabilidad de un experto. 
----
Llegará el momento que en el Perú se institucionalice a nivel constitucional los perfiles de los cargos públicos, de tal forma que contemos con gobernates "gerentes A1".
Por ahora, mientras la facultad de legislar resida en poder de unas cuantas personas "poco o nada idóneas para el cargo", veo lamentablemente muy difícil que cambien las reglas o perfiles de selección, porque dicho cambio iría lógicamente en contra de las capacidades e intereses de dichas personas.
Queda entonces en campo de los partidos y agrupaciones políticas, el incorporar la selección profesional de sus candidatos, considerando algunas o todas las características del perfil mencionadas anteriormente. Debemos dejar de lado la practica política y comunmente conocida: incorporar como candidatos a los de mejor verbo, con mayor carisma, mayor capacidad y/o aporte económico o a los más antiguos del partido.
No olvidar que la militancia y los simpatizantes debieran supervigilar dicho cambio, haciendo de la “selección de sus candidatos” un acto no sólo democrático, sino profesional y transparente.



Hace muy poco me uní a un grupo de interés en Facebook denominado: 
